viernes, agosto 14, 2026
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Un robot nunca debe reemplazar a un maestro

by the editorial team of El Reportero

Lo ocurrido en Salamanca, una pequeña ciudad del oeste de Nueva York, debería despertar a padres, maestros y contribuyentes de todo el país. La junta escolar local aprobó gastar 57,590 dólares en “Sally”, un robot humanoide equipado con inteligencia artificial y destinado a las clases de tecnología de una escuela secundaria. Después de una fuerte oposición de residentes, educadores y funcionarios estatales, el distrito suspendió el proyecto el 24 de julio.

La precisión es importante: los dirigentes del distrito dijeron que Sally ayudaría a los estudiantes de robótica y tecnología, no que reemplazaría inmediatamente a un maestro. Pero la sustitución suele comenzar con un programa piloto presentado como limitado, innovador e inofensivo. Primero llega una máquina para “ayudar”. Después, los administradores pueden argumentar que puede atender a más estudiantes, trabajar sin sueldo, vacaciones ni seguro médico y reducir los costos operativos. Cuando la comunidad reconoce el peligro, posiblemente los contratos ya estén firmados y el precedente establecido.

La educación pública pertenece a las personas que la financian con sus impuestos. Ninguna junta escolar debería experimentar con niños ni comprometer fondos públicos en tecnologías capaces de transformar empleos y procesar información estudiantil sin un debate abierto, una evaluación independiente y el consentimiento informado de los padres. Los contribuyentes merecen conocer el costo total, quién controla los datos, qué conversaciones conserva el sistema, si la información llega a compañías externas y quién responde legalmente cuando la máquina ofrece una respuesta falsa o perjudicial.

La comisionada de Educación de Nueva York, Betty Rosa, expresó preocupación por el efecto que podría tener un robot con apariencia humana dentro de un salón de clases. New York State United Teachers recalcó que los estudiantes necesitan relacionarse con personas reales. Este no es un argumento contra las computadoras, los programas educativos ni las herramientas responsables de inteligencia artificial. Se trata de establecer un límite firme: la tecnología debe permanecer subordinada al maestro, nunca elevada como sustituta del juicio, la autoridad y la presencia humana.

UNESCO advierte que la inteligencia artificial se desarrolla más rápidamente que las políticas necesarias para gobernarla. Sus orientaciones internacionales señalan que la IA no debería entrar en la educación sin participación pública, salvaguardas y regulaciones gubernamentales. UNESCO también defiende un enfoque educativo centrado en el ser humano. Un maestro reconoce el miedo, aislamiento, hambre, abuso, entusiasmo o confusión. Modifica una explicación, inspira confianza, resuelve conflictos y acepta una responsabilidad moral. Un robot puede imitar una respuesta afectuosa, pero no siente compasión ni puede responder ante una familia.

La preocupación por el empleo no es una fantasía. La Organización Internacional del Trabajo calcula que uno de cada cuatro empleos en el mundo está potencialmente expuesto a la inteligencia artificial generativa. La OIT también señala que, actualmente, la transformación de los empleos es más probable que su eliminación completa. Esa diferencia no debería hacernos bajar la guardia. Significa que el resultado final dependerá de las reglas establecidas por la sociedad, de quién sea propietario de la tecnología y de si la IA se utiliza para fortalecer a los trabajadores o simplemente para reducir las nóminas.

La misma lógica puede llegar a los hospitales y hogares de ancianos. La robótica puede ayudar a los cirujanos, transportar suministros, vigilar pacientes y detectar ciertos riesgos; esas aplicaciones pueden ahorrar tiempo y salvar vidas. Pero los médicos y enfermeras no son simples procesadores de información. Escuchan, interpretan señales sutiles, consuelan a personas asustadas y asumen responsabilidad profesional por decisiones que afectan cuerpos y familias. Si ahorrar dinero se convierte en el criterio dominante, la eficiencia terminará desplazando a la dignidad.

No podemos afirmar honestamente que Sally eliminó puestos docentes, porque eso no ocurrió. Tampoco existe evidencia de una conspiración secreta en Salamanca. Sin embargo, sí existe un conflicto estructural: las compañías tecnológicas quieren vender sistemas; los administradores buscan soluciones rápidas; y los maestros, estudiantes y contribuyentes soportan las consecuencias cuando un experimento fracasa.

Los Ángeles ofrece una advertencia. Su distrito escolar lanzó en 2024 un ambicioso asistente estudiantil de inteligencia artificial llamado Ed, pero posteriormente lo desconectó después del colapso de la compañía contratista, AllHere Education. El fracaso dejó serios interrogantes sobre el gasto público y el manejo de los datos estudiantiles. Las promesas tecnológicas no eliminan la necesidad de rendir cuentas; hacen que esa responsabilidad sea todavía más urgente.

La respuesta no consiste en destruir la innovación, sino en someterla al control democrático. Antes de que cualquier distrito introduzca inteligencia artificial humanoide, debería exigir audiencias públicas, revisión de privacidad, pruebas de seguridad, publicación completa de los contratos y una garantía legal de que ningún puesto docente será eliminado debido al sistema. Maestros, padres, estudiantes, especialistas independientes y representantes laborales deben tener voz.

Los padres y educadores de Salamanca demostraron que la resistencia pública funciona. Detuvieron el proyecto antes de que la novedad se convirtiera en normalidad. Esa vigilancia debe extenderse a todas las escuelas, hospitales y oficinas públicas.

Una sociedad que confía la formación de sus niños al proveedor más barato terminará tratando como desechables a maestros, médicos, enfermeras y cuidadores. Las máquinas pueden servir a la humanidad; nunca deben definir el valor de los seres humanos. Nuestro futuro no puede decidirse en una sala de juntas mientras la población duerme o mientras los vendedores corporativos escriben ellos mismos las reglas.

Fuentes: Associated Press, New York Focus, UNESCO, Organización Internacional del Trabajo, EdSurge

 

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