by Coco Somers
Investigadores que analizaron datos del Estudio Framingham del Corazón (Framingham Heart Study Offspring Cohort) descubrieron que los adultos cuyas dietas tienen un mayor potencial inflamatorio presentaban un menor volumen cerebral, según un estudio publicado en la revista Neurology.
El estudio incluyó a 1,897 adultos con una edad promedio de 62 años. Los participantes completaron cuestionarios sobre la frecuencia de consumo de alimentos durante varios años, lo que permitió a los investigadores estimar sus hábitos alimenticios habituales. A cada persona se le asignó una puntuación del Índice Inflamatorio de la Dieta (Dietary Inflammatory Index, DII), una herramienta que mide el potencial inflamatorio de la alimentación en su conjunto. Las puntuaciones más altas indican una dieta más proinflamatoria, mientras que las más bajas reflejan un patrón alimenticio con efectos antiinflamatorios.
Después de ajustar factores como la edad, el sexo, el nivel educativo, el tabaquismo, la actividad física y otras condiciones de salud, los investigadores encontraron que las personas con puntuaciones más altas en el DII tendían a tener un menor volumen cerebral total y una menor cantidad de materia gris. También presentaban ventrículos laterales de mayor tamaño, un cambio estructural asociado comúnmente con la atrofia cerebral relacionada con el envejecimiento.
Los investigadores analizaron resonancias magnéticas para evaluar varios indicadores del envejecimiento cerebral y la salud cerebrovascular, entre ellos el volumen cerebral total, el volumen de materia gris y los signos de enfermedad de pequeños vasos. No encontraron una asociación significativa entre una dieta inflamatoria y el volumen del hipocampo, las lesiones de la sustancia blanca o las microhemorragias cerebrales.
Aunque cierta pérdida de volumen cerebral forma parte del envejecimiento normal, una reducción acelerada se ha relacionado con el deterioro cognitivo y un mayor riesgo de demencia. Sin embargo, los investigadores enfatizaron que este estudio de tipo transversal no puede demostrar que la dieta haya causado directamente los cambios observados en el cerebro. Los resultados muestran una asociación, no una relación de causa y efecto.
El Índice Inflamatorio de la Dieta evalúa el efecto combinado de los alimentos y nutrientes, en lugar de alimentos individuales. Las dietas con mayor potencial inflamatorio suelen incluir alimentos ultraprocesados, granos refinados, bebidas azucaradas, carnes procesadas y productos con alto contenido de grasas saturadas y grasas trans.
En contraste, las dietas de estilo mediterráneo, ricas en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, aceite de oliva y pescado, se han asociado de manera constante con menores niveles de inflamación. Asimismo, el pescado rico en ácidos grasos omega-3 y el aceite de oliva han sido vinculados con beneficios para la salud del corazón y del cerebro.
Los investigadores concluyeron que la inflamación crónica puede dañar los vasos sanguíneos, aumentar el estrés oxidativo y alterar la comunicación entre las células cerebrales, contribuyendo con el tiempo a la pérdida de tejido cerebral relacionada con la edad. Aunque este estudio por sí solo no justifica recomendaciones terapéuticas inmediatas, sus hallazgos se suman a la creciente evidencia de que una alimentación saludable puede favorecer la salud cerebral y un envejecimiento más saludable a largo plazo. Food.news.

