por el personal de El Reportero
Cada 15 de septiembre, los centroamericanos en todo Estados Unidos celebran la independencia de sus patrias, manteniendo vivas tradiciones que han sobrevivido a la distancia, la migración y el paso de las generaciones.
Para Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, la fecha conmemora la declaración de independencia de España en 1821. Marcó el comienzo de la autodeterminación política y, con el tiempo, el desarrollo de las repúblicas independientes que conocemos hoy.
Sin embargo, la independencia no borró la herencia cultural de los siglos que la precedieron. La identidad de nuestras naciones surgió del encuentro —a veces pacífico y muchas veces doloroso— entre las civilizaciones indígenas ya establecidas en las Américas y el idioma, la religión, las instituciones y las tradiciones traídas de España. De esas historias surgieron pueblos con identidades propias que finalmente reclamaron el derecho de gobernarse a sí mismos.
Eso es también lo que celebran las Fiestas Patrias: no solamente la independencia, sino el derecho de las naciones a determinar su propio destino, sin olvidar la historia y la cultura de las cuales provienen.
Para los centroamericanos que viven en Estados Unidos, ese significado adquiere otra dimensión. El Día de la Independencia se convierte en una oportunidad para recordar de dónde vinieron y transmitir esa historia e identidad a sus hijos y nietos nacidos lejos de las tierras de sus antepasados.
En ciudades estadounidenses con grandes comunidades latinas, las familias celebran con música, comida, vestimentas tradicionales, banderas y recuerdos de su tierra. Algunos llegaron recientemente; otros llevan décadas viviendo aquí. Sus hijos y nietos quizá conozcan Centroamérica principalmente a través de las historias familiares, pero estas celebraciones mantienen vivo ese vínculo.
Recordar nuestras raíces no disminuye el amor que los inmigrantes pueden desarrollar por la nación que los acogió. Estados Unidos se ha convertido en el hogar de generaciones de centroamericanos que han trabajado, formado familias y contribuido a sus comunidades, mientras conservan las tradiciones heredadas de sus padres y abuelos.
Para muchos de nosotros, estas identidades conviven naturalmente: la gratitud y el amor por Estados Unidos, la nación que nos abrió sus puertas y se convirtió en nuestro hogar, junto con un cariño permanente por las tierras donde nacimos nosotros y nuestros antepasados.
Este es quizás el mensaje más perdurable de las Fiestas Patrias: celebrar la libertad y la autodeterminación de nuestras naciones, valorar al país que se convirtió en nuestro hogar y nunca olvidar de dónde venimos.

