por Xavier Morales
Xavier Morales es director ejecutivo de The Praxis Project. Ha formado parte del Panel de Expertos sobre Bebidas Azucaradas de Berkeley durante más de una década.
29 de mayo de 2026 — Antes de las elecciones de 2014, las campañas para aprobar impuestos a los refrescos en al menos 31 ciudades estadounidenses habían sido derrotadas por la industria de las bebidas. Richmond y El Monte — ciudades ubicadas en extremos opuestos del estado — lo intentaron y fracasaron dos años antes, ahogadas por el gasto de la industria y por hábiles mensajes contra el llamado “Estado niñera”.
Entonces, los votantes de Berkeley aprobaron la Medida D con un margen del 75 por ciento, convirtiéndola en el primer impuesto del país aplicado a los distribuidores de bebidas azucaradas.
Más de una década después, la pregunta ya no es si un impuesto a los refrescos puede aprobarse o si funciona. La verdadera pregunta es qué puede construir una ciudad con esos ingresos. Berkeley ha pasado años respondiendo esa pregunta, y la respuesta merece una atención más amplia en California.
Desde 2015, el programa Healthy Berkeley ha reinvertido más de 11.9 millones de dólares provenientes del impuesto a los refrescos en las comunidades más afectadas por las estrategias de mercadeo de la industria de bebidas: vecindarios afroamericanos, latinos, inmigrantes y de bajos ingresos. Aproximadamente 5.7 millones de dólares se han destinado al programa de cocina y jardinería del Distrito Escolar Unificado de Berkeley, que actualmente llega a más de 40,000 estudiantes y padres de familia a través de 18 huertos escolares.
El resto de los fondos ha servido para construir una infraestructura comunitaria de salud que acompaña a los residentes en todas las etapas de la vida.
Los niños pequeños en la YMCA del Este de la Bahía cantan canciones sobre cuáles bebidas les ayudan a crecer saludables. Los estudiantes de primaria y secundaria preparan verduras que ellos mismos cultivaron en los huertos escolares. Los estudiantes de preparatoria se capacitan como embajadores del agua con el Ecology Center y participan en programas de agricultura urbana a través de Berkeley Youth Alternatives.
Los adultos de todas las edades reciben atención médica primaria, atención dental e información confiable sobre salud en su propio idioma en determinadas clínicas. Entre 2018 y 2022, el programa Healthy Berkeley generó 20,000 referencias para atención primaria y 9,000 referencias dentales para residentes que con frecuencia quedan fuera del sistema de salud.
Estas inversiones han cambiado la forma en que Berkeley entiende su propia salud. En una encuesta realizada entre 840 personas que participaron en programas financiados por Healthy Berkeley, el 80 por ciento reportó un cambio en su actitud, interés o intención hacia comportamientos más saludables. Una vez que los residentes comprendieron que las compañías de bebidas azucaradas los habían estado enfocando injustamente como consumidores, dejaron de aceptarlo.
Eso no es simplemente el resultado de un aumento de precios. Es una comunidad organizándose alrededor de su propio bienestar.
El cambio de comportamiento también aparece reflejado en los datos. Un estudio de 2024 siguió a 44,000 niños en ciudades de California con impuestos a las bebidas azucaradas y los comparó con 345,000 niños en 40 ciudades similares sin esos impuestos. El estudio encontró índices significativamente más bajos de masa corporal entre los niños que vivían en ciudades con impuestos, especialmente entre los menores de 12 años. Los investigadores recomendaron explícitamente impuestos especiales similares como una herramienta para prevenir enfermedades crónicas.
La industria de las bebidas entendió desde el principio que esta era una amenaza que no podía permitirse ignorar. En 2018, la American Beverage Association impulsó una iniciativa electoral de 7 millones de dólares en Sacramento que habría exigido una mayoría de dos tercios para aprobar casi cualquier nuevo impuesto local. La organización ofreció retirar la medida únicamente si la Legislatura prohibía durante 12 años la creación de nuevos impuestos locales a los refrescos. La Legislatura cedió. El periódico The Sacramento Bee calificó la maniobra como una extorsión. El senador estatal Scott Wiener la describió como “un arma nuclear” dirigida contra los gobiernos estatales y locales. Afortunadamente, el impuesto de Berkeley quedó protegido por haber sido aprobado previamente.
En 2023, el Tribunal de Apelaciones del Tercer Distrito de California anuló las disposiciones sancionadoras de esa ley en una demanda encabezada por Cultiva La Salud y la concejal de Santa Cruz Martine Watkins. En 2024, los votantes de Berkeley aprobaron convertir el impuesto en una medida permanente con el respaldo del 80 por ciento de los electores. Durante la misma elección, Santa Cruz se convirtió en la primera ciudad de California en aprobar un nuevo impuesto a los refrescos desde aquel acuerdo restrictivo.
El genio ya salió de la botella.
Otras ciudades de California deberían prestar atención a lo que Berkeley ha construido. Las tasas de diabetes pueden reducirse. Los índices de masa corporal de los jóvenes pueden disminuir. La confianza en las instituciones locales puede fortalecerse. Y pueden surgir nuevos líderes comunitarios desde los vecindarios más afectados.
Berkeley lleva años mostrándonos esas posibilidades.

