martes, agosto 18, 2026
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Conocer para respetar: cuando la ciencia transforma el miedo en curiosidad

Una experiencia con alumnos de sexto grado demuestra cómo la observación científica puede fomentar el respeto por la biodiversidad y ayudarnos a reflexionar sobre nuestros propios prejuicios

Prof. Sebastian Alberto Chiapella

por Sebastián Alberto Chiapella

Profesor de Ciencias Naturales del Instituto Schönthal, Buenos Aires, Argentina

¿Qué hacen muchos niños cuando encuentran una araña, una hormiga u otro pequeño animal en su casa? La respuesta suele ser inmediata: matarlo. No necesariamente por maldad, sino porque aquello que desconocen puede provocar temor y percibirse como una amenaza.

Esta reacción fue el punto de partida de “Conocer para respetar”, un taller de Ciencias Naturales realizado con alumnos de sexto grado del Instituto Schönthal, en Buenos Aires, Argentina. La experiencia buscaba enseñar contenidos de Biología mediante la observación directa de pequeños artrópodos, pero también transmitir una enseñanza más amplia: antes de rechazar o juzgar aquello que desconocemos, debemos procurar comprenderlo.

El miedo antes del conocimiento

Antes de ingresar al laboratorio, pregunté a los alumnos qué hacían cuando encontraban un “bicho” en sus casas. Muchos respondieron que lo mataban porque les producía miedo o porque suponían que podía picarlos.

Entonces surgió la pregunta que orientaría toda la actividad: ¿realmente conocemos a esos animales? ¿Sabemos cómo viven, cómo se alimentan o si verdaderamente representan un peligro?

El silencio de los estudiantes mostró que gran parte de su temor no provenía de una experiencia directa, sino de ideas adquiridas previamente. Los artrópodos ofrecían así un ejemplo cercano de cómo las personas podemos formarnos opiniones antes de contar con suficiente conocimiento.

Durante los días siguientes, los alumnos buscaron pequeños artrópodos en jardines y espacios verdes. Antes de hacerlo, recibieron indicaciones para evitar lastimarlos y preparar recipientes ventilados con sustrato adecuado. La actividad estuvo supervisada y no incluyó la manipulación de especies potencialmente peligrosas. Quienes no se sentían cómodos tocando los ejemplares podían colaborar preparando los recipientes o ayudando a sus compañeros.

El propósito no era obligarlos a vencer el miedo, sino permitir que cada estudiante participara de acuerdo con sus posibilidades.

Observar para descubrir

Alumnos observan pequeños artrópodos con lupas durante el taller de Ciencias Naturales. – Students observe small arthropods using magnifying glasses during the Natural Sciences workshop.

El día del taller, los alumnos llegaron al laboratorio con los organismos que habían recolectado. Los ejemplares fueron reunidos cuidadosamente en un terrario para comenzar la observación.

Con lupas y pequeños pinceles, los estudiantes separaron la tierra con delicadeza. Pronto aparecieron las primeras preguntas: ¿por qué este animal tiene antenas? ¿Por qué aquel tiene ocho patas? ¿Todos pertenecen al mismo grupo?

Sin darse cuenta, habían dejado de preguntar si debían matarlos. Ahora querían saber qué eran y cómo vivían. El miedo comenzaba a ser reemplazado por curiosidad.

La actividad continuó con las cajas entomológicas del laboratorio. Allí pudieron comparar los organismos recolectados con ejemplares conservados e identificados. Lo que inicialmente era simplemente un “bicho” empezó a adquirir un nombre y un lugar dentro de la clasificación biológica.

Los estudiantes contaron patas, buscaron antenas y aprendieron a diferenciar insectos, arácnidos y crustáceos. Compararon una araña con un escorpión y descubrieron que el llamado “bicho bolita” pertenece al grupo de los crustáceos, a pesar de vivir en la tierra.

De esta manera, la Biología dejó de ser una lista de conceptos para convertirse en una experiencia viva. Los alumnos ya no observaban solamente porque el profesor se los pedía, sino porque querían descubrir más.

Un mundo revelado por el microscopio

Estudiantes observando con lupas y colocando los artrópodos dentro del terrario. — Students observing with magnifying glasses and placing the arthropods inside the terrarium.

El siguiente paso fue examinar los artrópodos mediante un microscopio digital conectado al televisor del laboratorio. La imagen ampliada permitió observar patas, ojos, antenas y piezas bucales con un nivel de detalle que despertó aún más interés.

Al reconocer las diferencias entre los organismos, los alumnos comprendieron que encontrar un artrópodo en el hogar no significa necesariamente estar frente a un peligro. Algunas especies pueden requerir precaución, pero muchas otras cumplen funciones importantes en los ecosistemas y no representan una amenaza para las personas.

Las preguntas continuaron: ¿dónde viven?, ¿por qué algunos salen de noche?, ¿por qué se esconden al recibir luz?

Cada respuesta generaba una nueva observación y reforzaba la idea principal del taller: comprender es más valioso que reaccionar únicamente por miedo.

La experiencia también permitió analizar una percepción común. Con frecuencia pensamos que estos animales invaden nuestros espacios. Sin embargo, las ciudades, las casas y los jardines fueron construidos sobre ambientes donde muchas especies ya vivían. En numerosos casos, los artrópodos simplemente intentan sobrevivir y adaptarse a los cambios provocados por la actividad humana.

De los artrópodos a las personas

Al finalizar la actividad, los ejemplares fueron colocados cuidadosamente en el terrario del laboratorio para que continuaran viviendo en un ambiente adecuado. Después de observarlos y conocerlos, tratarlos con respeto surgió de manera natural entre los propios alumnos.

Entonces retomamos la pregunta inicial. El verdadero objetivo no había sido solamente aprender sobre artrópodos, sino comprender que el conocimiento puede modificar nuestra manera de relacionarnos con otras formas de vida.

A partir de esa conclusión, trasladamos la reflexión a las relaciones humanas. También podemos rechazar, criticar o excluir a una persona sin haberle dado la oportunidad de mostrar quién es. Algunos juicios se basan en lo que realmente conocemos, pero otros nacen de nuestras ideas, temores o prejuicios.

La comparación no pretende equiparar a las personas con los animales, sino destacar un principio común: acercarnos, observar, escuchar y aprender puede ayudarnos a superar reacciones construidas desde el desconocimiento.

Los alumnos regresaron a sus aulas con nuevos conocimientos de Ciencias Naturales, pero también con una enseñanza que trascendía el laboratorio. Aquella mañana comenzaron observando pequeños artrópodos y terminaron reflexionando sobre el respeto, la empatía y la importancia de conocer antes de juzgar.

La educación científica no solamente transmite información. Cuando se construye mediante la observación, las preguntas y la experiencia directa, también puede ayudar a formar personas más curiosas, reflexivas y respetuosas.

Referencias

Allport, G. W. (1954). The Nature of Prejudice. Addison-Wesley.

Musengimana, J., Kampire, E., y Ntawiha, P. (2022). “Effect of Inquiry-Based Learning on Students’ Attitude Toward Biology.” Journal of Baltic Science Education, 21(5), 848–861.

Shahriari-Namadi, M., Sharzad, K., Rezaee, R., y Vazirianzadeh, B. (2018). “Entomophobia and Arachnophobia Among School-Age Children: A Psychological Approach.” Shiraz E-Medical Journal, 19(7).

Soga, M., Gaston, K. J., Yamaura, Y., Kurisu, K., y Hanaki, K. (2016). “Both Direct and Vicarious Experiences of Nature Affect Children’s Willingness to Conserve Biodiversity.” International Journal of Environmental Research and Public Health, 13(6).

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