domingo, octubre 4, 2026
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Aunque desconfíes del sistema, vota

por el consejo editorial de El Reportero

Cada vez que se acercan unas elecciones, escuchamos el mismo argumento: “¿Para qué voy a votar si todo ya está decidido?”

Entiendo de dónde viene ese sentimiento. Muchas personas han perdido la confianza en nuestro sistema político. Sienten que los ciudadanos comunes realmente no escogemos quién se convierte en candidato porque, para cuando los nombres aparecen en la boleta, esos candidatos ya han pasado por los partidos políticos, donantes, intereses especiales y poderosas organizaciones que han influido en la política durante generaciones.

Hay mucho que cuestionar en ese sistema.

Ningún ciudadano común puede cambiar de la noche a la mañana una estructura política que ha existido durante décadas. Tampoco debemos engañarnos pensando que depositar una boleta automáticamente resolverá los problemas de nuestro país.

Pero eso no significa que debamos dejar de votar.

Este martes 3 de noviembre, los californianos tendremos nuevamente la oportunidad de participar en el proceso electoral. Elegiremos a un gobernador y otros funcionarios, y decidiremos sobre distintas medidas y asuntos públicos. Como siempre, las campañas y los grupos de interés gastarán enormes cantidades de dinero tratando de convencernos de apoyar a un candidato, rechazar a otro, aprobar una medida o derrotar otra.

Como periódico, El Reportero no cree que deba decirles a sus lectores a quién apoyar. Mantener nuestra independencia y respetar la libertad de nuestros lectores para llegar a sus propias conclusiones es importante para nosotros.

Pero como ciudadano, sí puedo decir esto: vota.

Vote aunque esté decepcionado.

Vote aunque no encuentre al candidato perfecto.

Vote aun cuando considere que las opciones que le presentan son limitadas.

Todavía podemos estudiar a los candidatos y determinar cuál se acerca más a nuestros principios, nuestras necesidades y nuestra conciencia.

Personalmente, los valores morales y espirituales tienen un peso considerable en mis decisiones. Por ejemplo, creo profundamente en el valor de la vida humana, incluyendo la vida de un niño que aún no ha nacido. Esa convicción viene de mi familia, de mis abuelos y de los valores con los que fui criado. Por eso me resulta difícil apoyar a políticos cuyas posiciones sobre ese tema entran fundamentalmente en conflicto con mi conciencia.

Otros lectores pueden estar en desacuerdo conmigo, y tienen todo el derecho de hacerlo.

Eso es precisamente lo que significa la libertad.

Cada votante debe determinar qué principios son los más importantes. Para algunos puede ser la protección de la vida del que aún no ha nacido. Para otros puede ser la inmigración, la educación, la seguridad pública, la economía, la vivienda, las libertades individuales, los impuestos u otros asuntos que afectan a sus familias y comunidades.

Lo importante es que no renunciemos a nuestra decisión por indiferencia.

Porque cuando usted no participa, alguien más está tomando decisiones por usted.

Incluso cuando parece que estamos escogiendo entre dos malas alternativas —entre “el diablo y el menos diablo”, como dice el refrán— seguimos teniendo la responsabilidad de informarnos.

Lea sobre los candidatos. Examine lo que realmente han hecho, no solamente lo que prometen hacer. Lea las medidas que aparecen en la boleta. Averigüe quiénes las apoyan, quiénes se oponen y quiénes están financiando las campañas detrás de ellas.

Ese ejercicio por sí solo tiene valor.

La participación cívica también es algo que se aprende. Quizás hoy usted sabe muy poco de política. Sin embargo, después de estudiar una elección, sabrá más. Para las próximas elecciones podrá reconocer a los candidatos, comprender mejor los temas y recordar las promesas hechas años atrás. Podrá comparar esas promesas con lo que los políticos realmente hicieron una vez que llegaron al poder.

Y estará mejor preparado para tomar su próxima decisión.

La democracia tampoco termina en las urnas. Si algún día usted llega a la conclusión de que ninguno de los políticos representa a su comunidad, puede organizarse, apoyar a otra persona, promover una iniciativa o incluso convertirse usted mismo en candidato.

Las instituciones cambian solamente cuando suficientes ciudadanos deciden involucrarse.

No pretendo decir que nuestro sistema político sea perfecto. Poderosos intereses influyen en él, los partidos políticos ejercen un enorme control y muchas cosas necesitan reformarse. Tampoco creo que una sola elección vaya a resolver mágicamente problemas acumulados durante generaciones.

Pero todavía tenemos una boleta.

Todavía podemos leer.

Todavía podemos cuestionar.

Y todavía podemos escoger.

Así que este martes, independientemente de sus creencias políticas, vote de acuerdo con su conciencia.

No porque el sistema sea perfecto, sino precisamente porque no lo es.

Si dejamos de participar, otros decidirán por nosotros.

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