domingo, octubre 4, 2026
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La belleza de ser hispano en Estados Unidos

Marvin Ramírez, editor

por el consejo editorial de El Reportero

Hay algo hermoso en ser hispano en los Estados Unidos.

Vivimos rodeados de personas cuyas familias provienen de México, Centroamérica, Sudamérica, el Caribe y España. Nuestros países son diferentes, nuestros acentos son diferentes y nuestras costumbres a veces pueden parecer mundos aparte. Sin embargo, cuando nos encontramos, existe una conexión inconfundible. Compartimos un idioma, siglos de historia y tradiciones culturales que han pasado de una generación a otra.

Para muchos de nosotros, incluso la religión llegó a ser algo más que una práctica religiosa. Las tradiciones heredadas de nuestros padres y abuelos se convirtieron en parte de la cultura misma. Algunos practican profundamente su fe; otros no. Sin embargo, su influencia permanece visible en las celebraciones familiares, las festividades, la música, el arte y las costumbres que han acompañado a las familias hispanas durante generaciones.

El Mes de la Herencia Hispana, que se celebra del 15 de septiembre al 15 de octubre, llega en una época especialmente significativa. Varias naciones latinoamericanas conmemoran su independencia durante este período. Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua celebran su independencia el 15 de septiembre; México, el 16 de septiembre, y Chile, el 18.

Estas fechas nos recuerdan la compleja historia que conecta a gran parte de Hispanoamérica con España. Durante siglos, extensos territorios de América fueron gobernados bajo la Corona española mediante virreinatos y otras jurisdicciones. De esa historia surgieron sociedades formadas por pueblos indígenas, europeos, africanos y generaciones de mestizaje y migración.

El resultado no es una sola cultura hispana uniforme. Es una extraordinaria colección de culturas unidas por importantes vínculos históricos y lingüísticos.

Basta escuchar nuestra música.

Viaje de México a Cuba, de Nicaragua a Colombia, de Puerto Rico a Argentina o Perú, y los ritmos cambian. También cambia la comida. Cambian las expresiones, las tradiciones e incluso el propio idioma español. Con suficiente experiencia, comenzamos a reconocer de dónde puede ser una persona simplemente escuchando su acento: argentino, mexicano, colombiano, venezolano, centroamericano o caribeño.

Y, sin embargo, nos entendemos.

Esa diversidad es particularmente visible aquí en el Área de la Bahía. En San Francisco, Oakland, Sacramento y comunidades de todo el norte de California, escuelas, gobiernos, empresas y organizaciones comunitarias están reconociendo el Mes de la Herencia Hispana. Recientemente, al pasar por la Alcaldía de San Francisco durante una de esas celebraciones, vi a funcionarios del gobierno y a líderes políticos y comunitarios hispanos celebrando juntos. Andaba de prisa y no pude detenerme.

Pero aun pasando por allí, me sentí parte de esa celebración.

Quizás ese sea uno de los mayores regalos de vivir en los Estados Unidos. No tenemos que dejar de ser quienes somos para convertirnos en estadounidenses.

Podemos ser hispanos y estadounidenses.

Muchos llegamos como inmigrantes. Otros nacieron aquí de padres inmigrantes o pertenecen a familias cuyas raíces en lo que hoy son los Estados Unidos se remontan a generaciones. Hemos trabajado, establecido negocios, criado familias, pagado impuestos, creado periódicos, música y arte, servido a nuestras comunidades y contribuido al crecimiento de este país.

Al mismo tiempo, Estados Unidos ha dado a generaciones de hispanos oportunidades para construir nuevas vidas y ayudar a sus familias tanto aquí como en los países que dejaron atrás.

Ese intercambio nos ha enriquecido a todos.

Estados Unidos siempre ha sido transformado por las personas que llegan a sus costas y fronteras. Los hispanoamericanos somos ahora una parte inseparable de esa historia que continúa escribiéndose.

Así que durante el Mes de la Herencia Hispana celebremos sin olvidar ninguna de las dos partes de nuestra identidad. Disfrutemos nuestra música, nuestra comida, nuestro idioma, nuestros diferentes acentos y las historias de los países de donde venimos.

Podemos honrar nuestra herencia hispana mientras abrazamos con orgullo al país que ahora llamamos hogar.

Esa es la belleza de Estados Unidos.

Y eso es algo que merece celebrarse.

Feliz Mes de la Herencia Hispana a todos.

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