por el equipo de El Reportero
La rápida expansión del grado de kindergarten transicional (TK, por sus siglas en inglés) en California ha brindado acceso gratuito a la educación preescolar para niños de 4 años en todo el estado. Sin embargo, esta política también está generando efectos adversos significativos en el sector privado del cuidado infantil, contribuyendo al cierre de guarderías y preescolares, reduciendo las opciones para las familias con niños más pequeños y provocando una creciente inestabilidad financiera para pequeños proveedores en distintas regiones del estado.
Mientras los líderes estatales presentan el TK como un logro histórico en la educación temprana, muchos operadores de centros de cuidado infantil advierten que la implementación acelerada ha debilitado al frágil sistema de preescolares privados, que durante décadas ha asumido gran parte de la responsabilidad de atender a los niños pequeños de California. Las consecuencias ya son visibles: disminución de matrículas, centros que cierran sus puertas y una escasez cada vez más severa de espacios para el cuidado de bebés y niños menores de 3 años.
Tan solo en el condado de Los Ángeles, 167 preescolares cerraron entre 2020 y 2024, según un informe de la Universidad de California en Berkeley. Los investigadores atribuyeron parte de esta caída a la expansión del TK, que desvió a miles de niños de 4 años de los centros privados hacia las escuelas públicas. Tendencias similares se observan en otros condados, especialmente en zonas urbanas y suburbanas, donde los centros privados dependían de la matrícula de los niños mayores para mantener su viabilidad financiera.
Los proveedores privados operan bajo regulaciones estrictas, enfrentan el aumento de los costos laborales y de seguros, y por lo general dependen de la inscripción de niños de 4 años para subsidiar los costos más altos del cuidado de bebés y niños pequeños. Cuando ese grupo es absorbido por el sistema público, los centros pierden una fuente clave de ingresos, lo que vuelve financieramente insostenibles los programas de atención mixta por edades. Algunos operadores señalan que el cambio también ha provocado una salida de personal hacia empleos más estables y mejor remunerados en distritos escolares.
En Elk Grove, la propietaria de un preescolar, Frisha Moore, afirma que la matrícula de niños de 4 años en su centro se desplomó desde que el TK se volvió universal. Dos aulas permanecen vacías y uno de los patios de recreo ya no se utiliza. A pesar de ofrecer atención de jornada completa, no puede competir con una opción pública gratuita que resulta atractiva para muchas familias. Para sobrevivir, ha reducido personal, combinado grupos de edad y aplazado pagos de préstamos, pero reconoce que la presión financiera es constante.
Los cierres están reduciendo el acceso al cuidado de bebés y niños pequeños, el segmento más escaso y costoso del mercado. A medida que los centros desaparecen o reducen su capacidad, las familias enfrentan listas de espera más largas, menos opciones cercanas y costos más altos. En algunos condados, los padres deben esperar meses para conseguir un lugar con licencia, lo que obliga a reducir horas de trabajo o recurrir a arreglos informales de cuidado.
Funcionarios estatales reconocen que el TK ha alterado el mercado, pero señalan que la disminución de la tasa de natalidad también ha influido en los cierres. Defensores del sector responden que la magnitud y rapidez del despliegue del TK aceleraron la presión financiera sobre proveedores privados que aún se recuperaban de la pandemia.
Otra preocupación es que los beneficios del TK no se distribuyen de manera equitativa. El crecimiento de la matrícula ha sido mayor en zonas de mayores ingresos, mientras comunidades de bajos recursos siguen enfrentando largas listas de espera para cuidado subsidiado. Las familias con horarios flexibles aprovechan más el TK, mientras que quienes dependen de horarios extendidos de centros privados encuentran que los horarios escolares no se ajustan a sus necesidades laborales.
También han surgido desafíos geográficos. Los distritos deben ofrecer cupos en TK, pero no necesariamente en la escuela más cercana, obligando a algunas familias a desplazarse más lejos. La disponibilidad limitada de programas después de clases complica la situación para padres que trabajan tiempo completo.
Defensores del cuidado infantil piden ampliar subsidios, estabilizar reembolsos y crear alianzas entre distritos escolares y proveedores privados para evitar más cierres. Sin cambios de política, advierten, California corre el riesgo de ampliar el acceso para niños de 4 años mientras profundiza la crisis de cuidado infantil para los más pequeños.

