por Jonathon Van Maren de LifeSite, editado por el equipo de El Reportero
El gobernador de California, Gavin Newsom, quiere parecer un hombre equilibrado y matizado. Quiere que los votantes —especialmente los de fuera del Estado Dorado— lo vean como un progresista reflexivo, que escucha, se adapta y lidera con empatía. Pero cuando se trata del tema transgénero, particularmente en lo que respecta a menores de edad, su actuación es cada vez más difícil de sostener. Los hechos simplemente no respaldan la imagen que intenta proyectar.
A principios de este mes, The New York Times reconoció lo obvio: los líderes demócratas están desorientados sobre cómo manejar un tema que resulta profundamente impopular entre los votantes —el apoyo incondicional del partido a políticas transgénero extremas. De hecho, esa postura podría haber inclinado votaciones clave a favor de Donald Trump en 2016 y 2020. Para cualquier demócrata con aspiraciones presidenciales en 2028, esta es una cuestión delicada.
Newsom lo sabe bien. Por eso intenta —torpemente— suavizar su imagen. En marzo, se sentó a conversar con el activista conservador Charlie Kirk en su pódcast This is Gavin Newsom y sonó como un padre preocupado. Sobre el tema de los varones biológicos compitiendo en deportes femeninos, le dijo a Kirk: “Estoy completamente de acuerdo contigo. Es un tema de justicia. Es profundamente injusto”. Mencionó a su esposa e hijas, y la importancia de proteger los espacios de las mujeres.
Predeciblemente, los activistas LGBT se indignaron. Pero no tenían de qué preocuparse. El historial legislativo de Newsom sigue siendo uno de los más agresivos del país en cuanto a la imposición de la agenda transgénero —especialmente sobre los niños.
La semana pasada fue confrontado de manera más directa. Durante su aparición en The Shawn Ryan Show, se le preguntó si, según su criterio, ocho años es una edad demasiado temprana para someter a un niño a tratamientos de cambio de sexo. Su respuesta fue difícil de ver. Balbuceó, divagó, mencionó a su propio hijo de nueve años y admitió que él mismo todavía está tratando de “entender todo eso” —los pronombres, los procedimientos, el cambio cultural.
Fue un momento revelador. No porque Newsom haya sido honesto, sino porque fue evasivo. Un hombre que ha firmado ley tras ley que convierte a California en un santuario legal para cambios de sexo infantiles, no pudo afirmar que ocho años es demasiado joven para intervenciones que alteran permanentemente el cuerpo.
Pero su historial legislativo habla más fuerte que su discurso. Basta con revisar algunas de las leyes que ha impulsado:
- En julio de 2024, firmó la AB 1955, que prohíbe a los distritos escolares notificar a los padres si su hijo se identifica como transgénero en la escuela. Incluso protege a los maestros que inicien una “transición social” sin informar a la familia.
- En septiembre de 2023, firmó la AB 223, que exige que los tribunales mantengan en secreto las solicitudes de menores para cambiar su marcador de sexo.
- En septiembre de 2022, aprobó la SB 107, que convierte a California en un “estado santuario trans”. La ley impide que las autoridades estatales cooperen con otros estados que buscan proteger a los menores de intervenciones hormonales o cirugías irreversibles.
- Ese mismo año firmó la SB 923, que exige a los proveedores de salud recibir capacitación en “cuidados afirmativos de género”.
- En 2023, firmó la AB 5, que impone entrenamiento obligatorio en “competencia cultural LGBTQ+” a los docentes, y la SB 857, que establece una comisión estatal centrada en las políticas trans para alumnos.
- Y en 2020, firmó la SB 123, que permite a personas trans privadas de libertad elegir la prisión según su identidad de género.
En conjunto, estas leyes no protegen a los niños; protegen una ideología. Los padres son excluidos. Los médicos, silenciados. Los maestros, empoderados. Y los menores reciben herramientas y respaldo legal para tomar decisiones de por vida sin el conocimiento de sus tutores.
Así que cuando Newsom intenta sonar dudoso, confundido o abierto a diferentes perspectivas, suena falso. Él ya ha actuado —de forma agresiva y repetida— para consagrar los aspectos más radicales de la ideología de género en la ley.
¿Por qué entonces ese titubeo ante las cámaras? Porque Gavin Newsom sabe que lo que funciona en los círculos progresistas no necesariamente sobrevive en una elección general. Sabe que la América media —y gran parte de California— no aprueba que se escondan cambios de sexo infantiles a los padres, ni que se les niegue el derecho de participar en decisiones tan delicadas.
Por eso esquivó la pregunta de Shawn Ryan. Por eso ahora intenta parecer que está “aprendiendo”. Porque sabe la verdad: su historial es indefendible para la gran mayoría de los votantes. Y eso podría convertirse en su talón de Aquiles.
Si los conservadores son inteligentes, recordarán a los votantes ese historial cada vez que tengan oportunidad. Que Gavin Newsom corra de su legado si quiere —pero que no se le permita esconderlo.

