por Jon Rappoport
Es difícil saber qué es una cerradura al menos que se sepa qué es una llave, y cómo embonan juntas.
En este caso, podemos acumular muchas palabras para describir la cerradura: la masa de propaganda incesante que bombardea la población; élites globales consagradas a administrar el planeta como una entidad global; el asalto de fármacos médicos tóxicos y químicos ambientales en el sistema neurológico humano; el intencionalmente inocuo y adoctrinado aparato educativo; la estructura de los bancos de la invención-del-dinero; las reglas ocultas que deciden quién, ahora o en el futuro, va a comer o quién se va a morir de hambre, quién tendrá agua y quién no, quién tendrá dinero y quién no.
Y esto sólo es el principio de la lista.
Pero la llave que embona en la cerradura y trae una gran aceptación de las cosas como son… ¿qué es eso?
Es la mente humana. Una mente no sólo condicionada por factores externos, sino programada por la persona misma. Una mente que provoca una avalancha de emociones que mantienen a una persona en su lugar, incapaz de salir. Una mente que formula creencias falsas pero convincentes sobre lo que existe y lo que no existe. Una mente no preparada para ver las capacidades potenciales dormidas que exceden las leyes físicas del espacio y el tiempo.
Una mente que quiere insertarse en la cerradura y formar una asociación duradera con lo que todos los demás asumen como realidad.
Una mente que quiere funcionar dentro de ciertas fronteras. Una mente que abraza ilusiones límite sobre la llamada condición humana.
Una mente que, en un sentido significativo, obsesivamente copia la realidad, espejea la realidad, se vuelve “gemela del mundo físico”.
La mente busca al Otro, y cree que el Otro es “el mundo como es”.
Para que opere esta extraña dinámica, la mente debe creer que está perdida y necesita encontrarse a sí misma.
La llave que embona en la cerradura es una mente que está esperando en la estación del tren cósmico la llegada del exprés. Y cuando lo hace, la mente sube a bordo, como si hubiera hecho esa acción muchas veces. Y lo ha hecho. Este es un viejo patrón. Esta es la mente confundiendo un laberinto con el mundo físico familiar. Así la mente entra a un laberinto y se ve envuelta en un misterio que nunca termina, mientras piensa que está en casa.
Esta es una forma de hipnosis que introduce la mente a niveles cada vez más complejos, hasta que, exhausta, entrega el espíritu –y se pregunta por qué el mundo, que estaba lleno de esperanza y calor y confort, se convirtió en otra cosa.
Así se vivió una vida. Y luego otra. Y otra.
Y la mente se vuelve incapaz de entender, como lo hicieron los antiguos tibetanos, que, en un sentido muy significativo, el universo es producto de la mente.
La mente se vuelve incapaz de entender que las acciones de creación y destrucción son más que mitos que representan dioses antiguos. Estas historias son metáforas de cómo la mente puede hacerse brillantemente consciente del espacio(s) vivo más allá de la mera aceptación, sumisión y rendición.
En el centro de todo esto, está el arquetipo del Artista. En el sentido más amplio. El Artista trae a la existencia nuevas realidades y emite otras. Él construye y destruye. Él, como la antigua figura de Hermes, puede ver la broma completamente loca de erigir y tejer miles y millones de trampas que definen el espacio único de “las cosas como son (y como deben ser)”.
La abrumadora mayoría de seres humanos cree que quiere ese espacio por encima de todos. Cree que la grandeza representa un peligro personal y la pequeñez confiere seguridad.
Ellos creen en la cerradura, y luchan por descubrir la manera de insertarse en ella. De manera permanente. Para siempre.
Y para creerlo, ejercen la majestuosa habilidad de ponerse en estado de trance.
Debajo de las cuestiones que estoy discutiendo aquí, muy por debajo, está la sociedad/civilización y sus conflictos y locura concomitantes. Las civilizaciones vienen y van, vienen y van. Pretenden ser el único espectáculo en la Tierra. Pero no son más que un escaparate de Matrix.
Los artistas crean mundos y universos. Por tanto, la idea de que “El Universo” es de alguna manera nuestro mayor guía y mentor y dador de regalos, es una broma de la mayor magnitud.
La mayoría de la gente no contempla la idea de la creación consciente, mucho menos de la improvisación espontánea, que implica un tipo de fusión con lo que van a crear.
Pero para aquellos que puedan comprender esa idea, el mundo y el universo ya no son árbitros ni creadores de reglas y guías: son invenciones que ya están aquí.
Los años siguientes de investigación resultaron en mis tres recientes colecciones de Matrix, de las cuales Exit From The Matrix es la más enfocada en las técnicas prácticas de imaginación –para hacer realidad tus sueños en el mundo.

