viernes, marzo 6, 2026
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Cómo el miedo a la ofensiva migratoria de Trump está cambiando la vida en los pueblos agrícolas de California

La recaudación de impuestos ha caído casi un 30 por ciento en un pueblo agrícola de California, donde los inmigrantes tienen miedo de salir y algunos trabajadores de muchos años están considerando la autodeportación

por Nigel Duara

A la sombra de una cosechadora tirada por un tractor, un pequeño grupo de personas con sombreros anchos recorre las hileras ocre de un campo verde. Cada dos metros, alguien se agacha y saca a la luz de la mañana una sandía brillante y moteada.

Caminando unos diez metros detrás de este equipo de pizcadores va su supervisor, Raúl. Ha hecho este trabajo durante 21 años, desde los 18.

Él, mejor que nadie, sabe que las sandías perfectamente maduras no solo se arrancan de la vid: se eligen. Y esa elección aún depende, como siempre, de trabajadores delicados con la fruta y exigentes con la selección. El trabajo requiere años de repetición: ver la sandía correcta, agacharse para levantarla, cortar la raíz y colocarla con cuidado en la cama de la cosechadora o en una bolsa colgada atrás.

A los principiantes se les dificulta. Cortan una sandía antes de tiempo, o manejan mal las cuchillas y se cortan, o sus cuerpos simplemente les informan después de un día o una semana de agacharse y levantar, una y otra vez, que no se podrán levantar de la cama al día siguiente.

Raúl conoce esta tierra. Crió a sus hijos en las zonas agrícolas alrededor del pueblo de Firebaugh, a 38 millas al oeste de Fresno.

Señala un huerto de almendros ya crecidos cerca de la granja de melones Del Bosque, donde trabaja.

“Estábamos poniendo esos árboles cuando estaban jóvenes, mi primer año”, dijo Raúl en español.

Durante las últimas dos décadas, Raúl conducía hacia el norte cuando terminaba la cosecha de melón para trabajar en los viñedos y luego en los huertos de manzana y cereza.

Pero este año es diferente, y Raúl, quien no quiso que se usara su apellido en esta historia porque está en el país ilegalmente, no está seguro de cuánto tiempo más podrá quedarse en Estados Unidos.

A medida que termina la cosecha de este año, los pequeños pueblos del Valle Central que dependen del trabajo migrante o indocumentado para sobrevivir se ven obligados a imaginar el final de un estilo de vida.

La preocupación aquí es que los trabajadores no regresen el año próximo, o al menos no en los números necesarios para sostener las economías locales y alimentar la industria agrícola de 60 mil millones de dólares del estado, que produce tres cuartas partes de las frutas y nueces consumidas en EE.UU.

La segunda administración Trump ha prometido llevar a cabo el mayor programa de deportaciones en la historia del país. Hasta ahora han dejado en gran medida a la industria agrícola fuera de su enfoque. Pero Trump y sus asesores han vacilado sobre si proteger a las granjas de redadas migratorias, así que los trabajadores temporales y sus empleadores tendrán que esperar y ver.

Mientras tanto, lo que conecta a los pequeños pueblos con paradas de camiones y las grandes ciudades de esta parte del valle es el miedo: a asignaciones de agua más estrictas, a la turbulencia del mercado y, este año, a los agentes migratorios.

Los pequeños pueblos agrícolas del Valle Central son similares en su economía estacional a un pueblo costero del Este: ambos se llenan en verano con un auge poblacional y luego se vacían en invierno. El administrador municipal de Firebaugh, Ben Gallegos, dijo que el pueblo de 4,000 habitantes crece a 8,000 en el verano y luego se vacía tras la cosecha.

La historia se refleja en las cifras, pero este año los números cuentan un relato distinto.

En el segundo trimestre del año, del 1 de abril al 30 de junio, las transacciones tributables totales en Firebaugh bajaron un 29 por ciento respecto al mismo periodo del año pasado, según el Departamento de Impuestos y Tarifas de California. En la cercana Chowchilla, los ingresos tributables bajaron 21 por ciento en el mismo trimestre.

La gente no quiere ir de compras ni salir a comer, dijo Gallegos. La ciudad enfrenta recortes a la policía, a los parques y al centro de ancianos. En septiembre, la aparición de oficiales de libertad condicional del condado vestidos con uniformes verdes provocó oleadas de mensajes de pánico en Whatsapp. Algunos se escondieron.

El banco de alimentos en Firebaugh solía atender a unas 50 familias. Hoy, en las distribuciones semanales detrás del ayuntamiento, ese número ha subido a 150. Cuando termina, los voluntarios llevan las cajas sobrantes a familias que tienen demasiado miedo para salir de sus casas.

“Necesitamos a esas personas para mantener viva nuestra comunidad”, dijo Gallegos. “Son quienes comen en nuestros restaurantes locales, quienes compran en nuestras tiendas locales. Sin ellos, ¿qué hacemos?

“Tienen miedo de salir por el color de su piel”.

Raúl y su equipo de seis pizcadores también tendrán que decidir. ¿Regresarán?

Tiempo prestado

“Mis clientes dicen que este país ya no es para ellos”, dijo el abogado de inmigración de Fresno, Jesús Ibañez, quien trabaja con trabajadores agrícolas. “Sienten que están aquí en tiempo prestado. Ese sentimiento no lo escuchaba mucho hace un año”.

La decisión de quedarse o autodeportarse depende del dinero, pero también del futuro que estos trabajadores quieren para sus hijos nacidos en Estados Unidos, dijo Ibañez.

A veces la decisión es más complicada: EE.UU. ya no es tan seguro para ellos, pero sus distritos escolares aún ofrecen cosas como atención de salud mental y terapia física que temen no obtener en sus países de origen. Y también está la posibilidad de que uno o ambos padres sean deportados, dejando a los hijos sin tutores legales aquí.

Estadísticamente es difícil saber siquiera cuántos trabajadores agrícolas hay hoy, mucho menos cuánto afecta el miedo a la deportación al empleo en la industria. A finales de octubre, Ag Alert, una publicación del Buró Agrícola de California, informó que el Departamento de Agricultura de EE.UU. y el Departamento de Trabajo cancelaron las encuestas anuales sobre trabajadores agrícolas. Eso significa que, por primera vez desde los años 80, no hay documentación federal sobre horas, salarios o demografía de trabajadores agrícolas. Históricamente, alrededor del 40 por ciento de estos trabajadores en la última década eran indocumentados.

El centro de investigaciones Pew encontró que este año más inmigrantes salieron del país o fueron deportados que los que llegaron. Si la tendencia continúa, 2025 será el primer año desde los 60 en que la población inmigrante en EE.UU. disminuya.

Para Raúl, la pregunta es sencilla. Tiene que ganar dinero para mantener a sus hijos, así que planea volver.

“¿Qué quisiera un padre?”, dijo Raúl. “Quiere lo mejor para sus hijos”.

Un pueblo moldeado por un río

El camino hacia Firebaugh sube y baja sobre un cauce, junto al lugar donde Andrew Firebaugh fundó un ferry sobre el río San Joaquín que se convirtió en una parada importante en las rutas de diligencias. El río siempre ha sido lo que mantiene vivo al pueblo, primero como un obstáculo alrededor del cual se asentaron y luego como el sustento de sus campos y granjas.

A las afueras del pueblo, el pavimento está agrietado y levantado. Las señales de tráfico son pequeñas y descoloridas en la amplia cuadrícula de caminos bordeados de campos que llegan hasta la calle. Uno se orienta tanto por direcciones cardinales como por cultivos.

Prunus amygdalus, o almendros, parecen levantar los brazos. Pistacia vera, o pistachos, parecen encogerse de hombros. Camiones con camas descubiertas derraman tomates rojos en las curvas cerradas. Tractores con sus arados levantados avanzan lentamente por la carretera. A un costado, brotan cabezas de lechuga, seguidas de una enorme pila de almendras sin descascarar, y luego una fila de palmeras, algunas altas y otras más rechonchas.

En la esquina de uno de estos caminos, antes de llegar a la interestatal, está la granja de melones de Joe Del Bosque, el empleador de Raúl durante 21 años. Y la primera pregunta que muchos hacen es por qué contrata mano de obra indocumentada.

Él comienza explicando sus dificultades al contratar trabajadores con la visa federal H-2A, que permite a empleadores contratar trabajadores temporales. No solo debe pagarles $3 más por hora, dijo Del Bosque. También debe pagar su transporte desde y hacia la granja todos los días, además del alojamiento y la comida. Según él, es económicamente imposible depender de ese programa.

La siguiente sugerencia es contratar trabajadores locales. Del Bosque ríe y dice que lo intentó. Los locales duraron una semana, como máximo, y luego encontraron otra forma de ganar dinero que no los dejara adoloridos por todas partes.

Sabe que pronto tendrá que entregar la operación al único miembro de la familia activo en el negocio, su yerno. Pero eso solo si todavía hay una granja que entregar.

“No tengo mucha confianza en que el futuro de nuestra granja y muchas otras se vea muy bien ahora mismo”, dijo Del Bosque.

El Departamento de Trabajo de EE.UU. ya está advirtiendo sobre la pérdida de trabajadores agrícolas y la amenaza que esto representa para el suministro de alimentos, según una notificación en el Registro Federal en octubre.

“La casi total interrupción del flujo de inmigrantes ilegales, combinada con la falta de una fuerza laboral legal disponible, resulta en perturbaciones significativas en los costos de producción y amenaza la estabilidad de la producción de alimentos y los precios para los consumidores estadounidenses”, dijo el departamento en una propuesta de norma que permitiría a los empleadores pagar menos a los trabajadores H-2A de lo que pagan ahora.

“A menos que el Departamento actúe de inmediato para proporcionar una fuente estable de mano de obra legal, esta amenaza crecerá”, decía la notificación, citando la probabilidad de una mayor aplicación de leyes migratorias bajo el proyecto de presupuesto que Trump firmó este año.

Las consecuencias a largo plazo en el mercado laboral no se sentirán por igual.

Este es territorio Trump

El condado de Fresno y el resto del Valle Central votaron por Trump en 2024. Del Bosque se considera conservador, aunque dona a ambos partidos. El senador demócrata Adam Schiff y el expresidente Barack Obama han visitado públicamente su granja.

Junto a su propiedad —de forma muy visible para cualquiera que pase— hay un enorme letrero de Trump 2024, instalado por su vecino. Nadie que visite la granja Del Bosque dejará de verlo. Del Bosque se ríe al respecto, pero también es un reflejo de cómo sus cultivos definen sus posturas políticas.

Del Bosque cultiva melones, que requieren mucha mano de obra y largas jornadas. Él apoya un camino más sencillo hacia el empleo para los trabajadores indocumentados. Su vecino cultiva almendras. Solo necesita una persona para manejar la máquina “shaker” para tumbar las nueces del árbol y otra para operar la cesta que las recolecta. El vecino —a quien CalMatters no pudo contactar— casi no requiere trabajadores.

“El asunto es que no todas las granjas son iguales, no todos los agricultores son iguales”, dijo Del Bosque. “A mí me preocupan estas personas. A él no le preocupa eso, porque tiene almendras. Él maneja sus almendras con solo él y una o dos personas más.

“Puede manejar toda su granja con dos o tres personas. Así que esta aplicación de leyes migratorias no le afecta en absoluto”.

El autor y agricultor del Valle Central David Mas Masumoto escribió sobre las tensiones entre vecinos en su libro de 1995, Epitaph for a Peach.

“Dependemos de la mano de obra de México, parte de un flujo estacional de hombres y familias. Muchos vienen aquí en verano, regresan a México durante los meses lentos del invierno y vuelven el año siguiente. En su mayoría son hombres jóvenes con caras de muchachos. Dependemos de sus espaldas fuertes y sus manos rápidas. Y ellos tienen hambre de trabajo.…

“Este septiembre, los agricultores conducen por el camino mirando fijamente al frente, evitando encontrarse con un competidor que alguna vez fue un vecino. Los ojos evitan los ojos, las manos dudan y no saludan. Es un septiembre feo”.

La política aquí puede hacer que toda la temporada sea fea.

‘Un gran y rápido cambio’

¿Qué pasa si no regresan?

“No tenemos un precedente para tratar de entender una interrupción tan grande en la economía y demografía del estado”, dijo Liz Carlisle, profesora asociada del Programa de Estudios Ambientales en UC Santa Bárbara.

Algo está cambiando en una de las regiones agrícolas más productivas del mundo. Las uvas para vino están sin cosechar, pudriéndose en los campos, mientras las exportaciones a Canadá colapsaron por los nuevos aranceles y los consumidores jóvenes se alejan del alcohol. El valor de la tierra está desplomándose en zonas con poca agua, dejando a los agricultores con deudas millonarias. Los costos del agua están disparándose en parte por una ley de conservación de 2014 que busca regular años de sobreexplotación agrícola.

“Creo que estamos ante la posibilidad de un cambio realmente grande y rápido en el sector agrícola de California y en todos los trabajadores y todo lo que toca la economía”, dijo Carlisle. “Es una especie de tormenta perfecta porque hay cambios importantes en la política comercial al mismo tiempo que hay cambios importantes en la fuerza laboral, al mismo tiempo que hay cambios importantes en el clima y las posibles respuestas regulatorias a esos impactos climáticos.

“Así que son muchas transformaciones enormes que las personas del sector agrícola deben intentar manejar de golpe”.

Este año, los problemas fueron los de siempre: cinco o seis tormentas fuertes golpearon el Valle Central con lluvia y granizo, afectando cultivos jóvenes justo cuando estaban por madurar. Pero se avecinan batallas más grandes.

Durante la primera administración Trump, el mercado laboral para los agricultores del Valle Central se redujo significativamente, dijo Daniel Hartwig, presidente de la Asociación de Frutas Frescas de California, cuando los números de migración cayeron y las granjas perdían trabajadores ante operaciones vecinas que ofrecían 25 centavos más por hora.

Durante esta segunda vuelta con Trump como presidente, esas preocupaciones parecen casi arcaicas. Ahora, dijo Hartwig, pasa un par de horas cada semana persiguiendo rumores de operativos migratorios: una camioneta blanca sin marcas en el condado de Madera que resultó ser de una empresa de limpieza de alfombras; una serie de autos afuera de una clínica que resultó ser un operativo policial local; un video tembloroso de TikTok de origen desconocido mostrando hombres con uniformes verdes que hizo que trabajadores agrícolas corrieran de vuelta a sus casas.

“Si dejas volar tu imaginación, especialmente si eres indocumentado, en cualquier lugar que mires, a la vuelta de cada esquina, sientes que alguien va a intentar detenerte y deportarte”, dijo Hartwig.

Ahora estos pueblos en la cuenca baja del Valle Central se preparan para un invierno ansioso, en las granjas, en el banco de alimentos, en el ayuntamiento de Firebaugh.

Dependen de muchos factores fuera de su control. Decisiones impulsivas del presidente. Formaciones de nubes y velocidades del viento. Precios de productos fijados globalmente. Precios del agua fijados localmente. Y en el invierno hay tiempo para pensar y tiempo para hacer preguntas.

¿Aumentará el gobierno federal la aplicación de leyes migratorias en las granjas? ¿Lloverá lo suficiente al inicio de la temporada? ¿Lloverá demasiado cuando la fruta esté en los campos? ¿Podría repetirse la ola de calor del año pasado? ¿O las tormentas de este año? ¿Y si el agua se encarece aún más? ¿Y si los productos bajan de precio?

Y una pregunta quizás más crucial que cualquier otra: ¿y si no regresan?

Nota del editor: El autor David Mas Masumoto es miembro de la junta directiva de CalMatters.

 

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