viernes, marzo 6, 2026
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Ciudades de la Bahía cercan a los conductores mientras aumentan edificios sin suficiente estacionamiento

Análisis | por Marvin Ramírez

En San Francisco y otras ciudades del Área de la Bahía, las políticas urbanas están estrechando cada vez más el espacio para los automovilistas. Se expanden las zonas rojas, desaparecen los parquímetros, y la vigilancia de tránsito se intensifica. Al mismo tiempo, se levantan nuevos edificios residenciales que, aunque cuentan con estacionamiento, no tienen suficientes espacios para todos los inquilinos.

El resultado es predecible: trabajadores que regresan a casa tras una jornada larga, solo para pasar media hora buscando dónde dejar su vehículo o arriesgarse a una multa que les vacía el bolsillo.

Esto no parece ser un efecto colateral, sino parte de un plan bien diseñado.

Uno de los ejemplos más evidentes se encuentra en Hunter’s Point, al sureste de San Francisco, parte del distrito de Bayview–Hunters Point. Esta zona, históricamente industrial, hoy vive un auge inmobiliario con nuevos complejos residenciales de renta asequible y mercado abierto. Aunque varios incluyen estacionamientos, la capacidad es limitada, y muchos residentes quedan fuera.

Hunter’s Point abarca el código postal 94124 y calles como Friedell, Innes y Quesada. Está delimitado por Third Street al oeste, la autopista Bayshore y Candlestick Point al este, y la bahía al sur. A pesar de los discursos sobre “desarrollo orientado al transporte”, la realidad es que muchos aún dependen del auto—sobre todo por las noches, cuando el transporte público es escaso o inexistente.

“Mi edificio tiene 45 unidades y como 18 espacios de estacionamiento,” cuenta Rosa Aguilar, vecina de Innes Avenue. “Si no te toca uno, te vas a la calle. Pero ahí también te multan porque cada vez hay más zonas rojas y blancas.”

La ley estatal AB 2097, aprobada en 2022, eliminó los requisitos mínimos de estacionamiento en construcciones nuevas cercanas al transporte público. Aunque se presentó como una medida para bajar costos de vivienda y promover hábitos sostenibles, en la práctica se ha traducido en presión sobre el espacio público—y sanciones para quienes lo usan.

La Agencia de Transporte Municipal de San Francisco (SFMTA) ha pintado más bordes en rojo, ha convertido parquímetros en zonas de carga o descenso, y ha intensificado operativos llamados “barridos distritales”. Además, con la ley AB 413, que prohíbe estacionar a 20 pies de los cruces peatonales, la ciudad prevé eliminar hasta 13,775 espacios legales.

Las multas por zonas rojas ya suman más de 1,200 al mes, y se espera que aumenten.

“Es una trampa,” afirma Ángel Méndez, quien vive cerca de Quesada. “Mi edificio no tiene suficientes estacionamientos, y en la calle ahora todo es zona restringida. Si estacionás donde solíamos hacerlo, son 108 dólares de multa.”

El director del SFMTA, Jeffrey Tumlin, defiende estos cambios como parte de un plan a favor de la seguridad y el medio ambiente. “Estamos rediseñando las calles para apoyar alternativas al uso del automóvil,” declaró. Pero muchos residentes señalan que esas alternativas aún no existen o no funcionan en la práctica.

Los listados en Zillow, housing.sfgov.org y PropertyShark confirman que en Hunter’s Point hay una ola de nuevos edificios con estacionamiento limitado. Se anuncian vistas a la bahía y comodidades modernas, pero no mencionan que tener un auto puede ser un problema diario.

El patrón es preocupante: se construye vivienda, se ofrece poco estacionamiento, se restringen las calles, y luego se sanciona. Todo bajo la apariencia de planificación moderna.

“Creímos que era vivienda accesible,” dice Aguilar. “Pero lo pagamos en estrés y en multas.”

Si no se invierte en transporte nocturno y en soluciones reales de estacionamiento, estas políticas seguirán castigando a quienes solo intentan vivir y trabajar en paz.

 

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