Tuesday - Sep 18, 2018

Un gobierno de secretismo y temor


¿Recuperaremos nuestras libertades perdidas?

por Andrew Napolitano

Cada estadounidense que valora los derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, cada estadounidense que cuenta con el derecho a ser diferente y el derecho a ser dejado solo y todos los estadounidenses que creen que el gobierno trabaja para nosotros y no que nosotros trabajamos para el gobierno deberían agradecer a Edward Snowden por sus denuncias valientes y heroicas de las gigantescas operaciones de espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional. Sin las revelaciones de Snowden, seríamos niños ignorantes ante un gobierno paternalista y completamente en la oscuridad acerca de lo que el gobierno ve y sabe de nosotros. Y no sabríamos que ha robado nuestras libertades.

Cuando vi la revelación inicial de Snowden – una orden de dos páginas firmada por un juez federal en la corte de la FISA – supe inmediatamente que Snowden tenía una copia de un verdadero documento altamente secreto que ni siquiera el juez que firmó tenía. La NSA reconoció a regañadientes que el documento era auténtico y afirmó que todo su espionaje sobre los 113 millones clientes de Verizon al que se refiere dicha orden era legal porque había sido autorizada por ese juez federal. La NSA también afirma que, como resultado de su espionaje, nos ha mantenido a salvo.

Rechazo el argumento de que el gobierno está facultado para tomar nuestras libertades – aquí, el derecho a la intimidad – por mayoría de votos o por decreto secreto como parte de una negociación colectiva involuntaria que necesita monitorearnos en privado para protegernos en público. El trabajo del gobierno es para mantenernos libres y seguros. Si nos mantiene a salvo, pero no somos libres, no está haciendo su trabajo.

Desde las revelaciones sobre Verizon, nos hemos enterado que la NSA ha capturado y almacenado en sus computadores en Utah los correos electrónicos, textos, conversaciones telefónicas, facturas, estados de cuenta del banco, estados de cuenta de tarjetas de crédito y guías telefónicas digitales de todo el mundo en Estados Unidos durante los últimos dos años y medio. También ha capturado cientos de millones de registros telefónicos de Brasil, Francia, Alemania y México – todos aliados de EE.UU. – y ha compartido muchos de los datos incautados con las agencias de inteligencia de Gran Bretaña e Israel. Sus agentes han espiado a sus novias y novios, literalmente, miles de veces, y han peinado los datos puros recogidos selectivamente y revelado algunos de ellos a la policía. Todo esto contradice directamente la Constitución.

Y, por si todo esto no fuera suficiente para inducir a darse cuenta de que el futuro orwelliano está aquí gracias a los gobiernos secretos de George W. Bush y Barack Obama, Snowden también reveló que la NSA puede piratear el teléfono móvil de cualquier persona, incluso cuando se apaga y el uso de cada teléfono como un dispositivo de escucha y como un GPS para rastrear a quien lo posee.

Cuando el general Keith Alexander, jefe de la NSA, se enfrentó con esta letanía de comportamiento ilegal e inconstitucional, respondió diciendo que sus espías han salvado a EE.UU. de 54 planes terroristas. Le suplicó a los legisladores que no lo despojaran del poder de espionaje ni de los miles de millones que le han dado para gastar en el espionaje, no vaya a caer sobre nosotros otro complot como el del 11/9.

Muchos estadounidenses estaban dispuestos a hacer este intercambio: espiar a los 330 millones de estadounidenses con el fin de detener de 54 complots. Pero el gobierno no tiene el poder moral y constitucional para obligar a este intercambio, ya que el derecho a la privacidad es un derecho personal, individual e inalienable, por lo que no puede legalmente ser quitado por mayoría de votos (lo que nunca sucedió) o por secreto fiduciario (lo que sí sucedió). Asimismo, el gobierno carece de la autoridad para espiar sinninguna restricción legal a nadie que desee, porque eso viola la Constitución y cambia fundamentalmente nuestra sociedad abierta y libre. Oídos que todo lo oyen y ojos que todo lo ven y el poder sin restricciones ejercido en secreto es una mezcla tóxica destinada a destruir la libertad personal.

Ahora sabemos que Alexander ha mentido una vez más a un comité del Congreso. Él reconoció recientemente que el número de complots frustrados no es el que se declaró bajo juramento, 54, sino dos o tres. Él no va a decir cuáles dos o tres o cómo espiar a todos los estadounidenses era la única manera legal o constitucional para descubrir estos complots. Tampoco va a decir por qué dijo originalmente 54, en lugar de dos o tres, pero sí dijo la semana pasada que se retirará la próxima primavera.

Esto es desesperante. El gobierno viola la ley que ha sido contratado para hacer cumplir y viola la Constitución que sus agentes han jurado defender, sino que se ve atrapado y miente al respecto y nadie en el gobierno es castigado o cambia su comportamiento.

Entonces nos damos cuenta de que el llamado tribunal que autoriza todo esto no es un tribunal en absoluto. Los jueces federales sólo podrán ejercer la función judicial cuando están abordando los casos o controversias y sus opiniones sólo tienen fuerza de ley cuando emanan de ese contexto. Pero cuando los jueces federales tienen una función esencialmente administrativa, no están sirviendo como jueces, sus opiniones son egoístas y legalmente inútiles y su aparente visto bueno al espionaje no le da ninguna legitimidad moral o legal.

Todo esto – que es esencialmente indiscutible – me lleva a la pregunta: ¿Dónde está la indignación? Creo que el gobierno ha tenido éxito en aterrarnos con la posibilidad de otro 11/9, que tenemos miedo de indignarnos con el gobierno cuando afirma que nos protege, independiente de lo que haga. CS Lewis dijo una vez que el mayor truco que el diablo ha realizado es convencernos de que no existe. El mayor truco del gobierno es que nos ha estado persuadiendo a entregar nuestras libertades.

¿Nunca vamos a recuperarlas? La respuesta a eso depende de la fidelidad a la libertad de las personas en cuyas manos se ha depositado la Constitución para su custodia. En la actualidad, esas manos están sucias con el totalitarismo y preocupadas por el alcance del poder. Y parecen estar cada vez más sucias y agarrarse más fuerte cada día.