Friday - Dec 14, 2018

Sin la ayuda de la alcaldía, los supervisors, la policía y la comunidad el crimen no parará


From The Editor Marvin J. Ramirez

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Por allá a principios de los años 90, San Francisco vivió una ola dramática de crimen juvenil, cuando miles de centroamericanos se sintieron obligados a dejar sus patrias, huyendo de la violencia de la guerra en sus países.

Muchas de estas familias, temiendo por sus vidas, tuvieron que emigrar al extranjero en busca de una mejor vida, mientras los otros eran criminales de guerra y delincuentes comunes que encontraron en los Estados Unidos el terreno perfecto para avanzar sus carreras criminales. Fue un tiempo cuando nacieron muchos de los grupos pandilleros más prominentes y conocidos.

A pesar de una reducción aguda en años recientes de lo que partes de la Misión se convirtieron, por decir zonas de guerra, la cultura de la violencia entre la gente joven todavía existe, aunque un poco más escondida.

Las víctimas son ahora gente inocente de todas las edades que no tendrían nada que ver con ningún tipo de delito relacionado con pandillas.

Dennis Mendoza y Marvin Berroterán, dos amigos de muchos años, fueron golpeados a batazos casi a muerte el pasado 17 de febrero (ver el artículo en la primera página), frente a la casa de una de las víctimas. Se espera que uno de estos dos amigos fallezca cuando esta edición salga a la calle, y el otro está todavía en coma.

Una llamada de alarma debería ser hecha al Alcalde de San Francisco, la Jefa de Policía y la Junta de Supervisores de San Francisco, para declarar el Distrito de la Misión una zona que requiere una atención especial.

Muchos crímenes en el Distrito de la Misión han sucedido sin ser reportados porque la mayoría de los crímenes donde suceden son de población de habla hispana, y sólo un número mínimo de crímenes violentos son reportados, con la excepción cuando ocurre un asesinato.

No se han efectuado reuniones entre la policía responsable de ciertas vecindades con alto índice de criminalidad y la comunidad para crear un plan de acción. Estos residentes se encuentran encarceladas en sus propias cuadras, debido a la intimidación de criminales jóvenes que reinan como reyes con sus cabezas intoxicadas de drogas, y sin dirección en sus vidas.

Según el Fondo de Justicia de Estados Unidos, en años recientes, un lote de temas sobre asuntos de justicia juvenil han sido puestos en la vanguardia del debate público y discusión de política en los Estados Unidos, como disparidades raciales en el sistema de justicia, el procesamiento de jóvenes en un tribunal criminal adulto, y el encarcelamiento de joven en cárceles y prisiones. Entre éstos también están la eficacia de programas de tratamiento y prevención.

¿Pero qué cosa buena crearán tales discusiones políticas, si no hay ninguna verdadera reunión entre aquellos que sostienen el poder de aplicación de la ley y aquellas poblaciones que son víctimas potenciales? Estas reuniones tienen que resultar a fin de encontrar una solución práctica y eficaz a la carencia de dirección de nuestra juventud.

La intención de proporcionar la última innovación del patrullaje a pie de la policía en las vecindades es una gran idea.

Sin embargo, sin un amonestador coordinado diario de áreas calientes desde una estación central, los delitos como el que cometieron contra estos dos hombres mayores, que no tenían ninguna asociación criminal y eran ciudadanos observantes de la ley, seguirán dejando el dolor en familias y posiblemente sin ningún castigo de los delincuentes ni justicia para las víctimas y sus familias.

Duele, como periodista, tener que cubrir este tipo de historias, pero si no las hago, no habría conciencia con las autoridades responsables a cargo para crear presupuestos para la prevención del crimen, y mejorar la educación para nuestra juventud.