Thursday - Nov 15, 2018

Nuevo presidente debe restaurar la dignidad a Nicaragua


por Marvin J Ramirez

From The Editor Marvin J. RamirezFrom The Editor Marvin J. Ramirez

Sin tener en cuenta cualquiera de las muchas opiniones diversas que abundan por ahí sobre la ascensión de Daniel Ortega Saavedra como el Presidente de Nicaragua, y las dudas sobre si él retornará a Nicaragua al pasado, hay una verdad que no puede ser cambiada: Nicaragua es ya una Democracia. Y es por esta Democracia, que él será reelegido o rechazado si él no guarda sus promesas de campaña. Y una de aquellas promesas fue la de erradicar la pobreza en Nicaragua y salvarla de la destrucción.

El escenario, por primera vez, muestra a un Washington calladito, mientras Cuba, Venezuela, Bolivia, y Nicaragua, crean una fuerza política y económica que amenaza su monopolio e influencia en la región central y sudamericana.

A pesar del nivel alto de corrupción gubernamental, durante las tres últimas administraciones democráticas, Nicaragua ha creado un más responsable y organizado gobierno administrativo, según expertos financieros.

Sin embargo, la clase media es casi inexistente, la pobreza es más alta; los ricos se han hecho más ricos, mientras su economía ha alcanzado un nivel sin precedentes de dependencia a las remesas que envían los nacionales de los Estados Unidos. Este ha creado una economía ficticia y sólo ha servido como una curita de alivio de la pobreza extrema temporalmente. Ha bloqueado el verdadero desarrollo económico del nicaragüense, como igualmente ha sido en la mayor parte de los países de América Latina, como México, y la mayoría delos países centroamericanos.

Las situaciones han estado trabajando de tal modo, que parece que ha sido planeado deliberadamente, dividir, romper su economía y luego asumir de sus activos.

La mayor parte de las mejores playas de Nicaragua y consorcios turísticos son poseídas por el capital extranjero, y unos dicen que el taiwanismo de Nicaragua es inminente.

“Toda Nicaragua esta en venta”, dijo el periodista William Fonceca, quien vive en Managua, mientras la pobreza es vista en todas partes.

No puedo evitar sentirme profundamente herido de ver los casinos expandirse en Nicaragua, mientras el negocio de la prostitución se extiende sin control.

Si Ortega realmente dice la verdad sobre lo que él ha dicho sobre el rescate de Nicaragua de la pobreza y estas malas tendencias que hacen de nuestra Nicaragua querida que se protituya, debería ­detener la tendencia actual de destrucción de sus valores como una nación orgullosa, rehabilitando la patria de Ruben Darío antes de que sea demasiado tarde, y parar la venta de alma del país, y nuestros océanos y tierras de lagos y volcanes a empresas extranjeras.