Tuesday - Dec 18, 2018

Mensaje de despedida de Ron Paul a EE.UU.: Apéguese a la libertad o enfréntese a la auto-destrución – Parte 1


por Marvin J. Ramirez

Marvin J. Ramírez

NOTA DEL EDITOR: Queridos lectores: Les presento un discurso memorable, el que considero que es el discurso del siglo. Está hecho por un hombre quien creo tiene la mayor convicción respecto de la libertad de todas las personas que conozco. Este hombre es el Congresista Ron Paul, quien dejará el Congreso tras 36 años. Mike Adams, editor de Natural News, se tomó el tiempo de transcribirlo. Como el texto resultó demasiado largo, El Reportero lo publicará en distintas partes durante varias semanas. Espero que lo disfrute y vea por usted mismo cómo la visión de este hombre saca a la luz la corrupción de nuestro sistema político, con la esperanza de que todos podamos ayudar a detenerla a tiempo, la destrucción de nuestra República.

PARTE 1

El mensaje de despedida de Ron Paul a Estados Unidos: Apéguese a la libertad o enfréntese a la auto-destrucción

por Mike Adams

Se podría decir que el reciente discurso de despedida de Ron Paul es el discurso más importante en la historia norteamericana. El Dr. Paul se refiere a los fatales problemas que Estados Unidos enfrenta, sin tapujos. Este discurso debe ser leído por cualquier persona que quiera entender las verdaderas razones de por qué EE.UU. sigue en un espiral hacia debajo de un fracaso económico y social bajo el interminable crecimiento del Gran Gobierno y la deuda fuera de control.

Acá está el texto completo:

Esta puede ser la última vez que hable ante la Cámara. Al final del año dejaré el Congreso después de 23 años en el cargo en un período de 36 años. Mis metas en 1976 eran las mismas que ahora: promover la paz y la prosperidad con una estricta adhesión a los principios de libertad individual.

Mi opinión era que el camino que había seguido EE.UU. en la última parte del siglo XX nos traería una gran crisis financiera y nos enfrascaría en una política exterior que se extendería más allá de nosotros y minaría nuestra seguridad nacional.

Para lograr las metas que yo buscaba, el gobierno habría tenido que achicarse en tamaño y alcance, reducir el gasto, cambiar el sistema monetario y rechazar los costos insostenibles de actuar como policía del mundo y expandir el Imperio Norteamericano.

Los problemas parecían ser abrumadores e imposibles de resolver, sin embargo desde mi punto de vista, solamente seguir las obligaciones que la Constitución pone en el gobierno federal habría sido un buen punto de partida.

¿Cuánto logré?

De muchas maneras, según el sentido común, mi alternada carrera en el Congreso, desde 1976 a 2012, logró muy poco. Ninguna legislación con mi nombre, ningún edificio federal o carretera, gracias a Dios. A pesar de mis esfuerzos, el gobierno creció exponencialmente, los impuestos siguen siendo excesivos, y las regulaciones incomprensibles continúan aumentando de manera prolífica. Las guerras son constantes y siguen sin la declaración del Congreso, los déficits se han elevado al cielo, la pobreza es rampante y la dependencia en el gobierno federal es peor ahora que nunca en nuestra historia.

Todo esto con mínimas preocupaciones por los déficits y los pasivos infundados que el sentido común nos dice no pueden mantenerse por mucho más tiempo. Un gran, pero nunca mencionado, acuerdo bipartidista permite el secreto bien guardado que mantiene el gasto avanzando. Un lado no renuncia ni a un centavo en gasto militar, el otro lado no renuncia un centavo a los gastos de seguridad social, mientras ambos apoyan los salvatajes y subsidios para la elite bancaria y corporativa.

Y el gasto continúa mientras la economía se debilita y el espiral en caída continúa. Mientras el gobierno sigue perdiendo el tiempo, nuestras libertades y nuestra riqueza se queman en las llamas de una política exterior que nos vuelve menos seguros.

El principal obstáculo para el verdadero cambio en Washington es la total resistencia a admitir que el país está en bancarrota.

Esto ha hecho que, para acordar un aumento en el gasto, haya sido inevitable ceder ya que ninguna de las partes tiene la intención de recortar el gasto.

El país y el Congreso seguirán divididos ya que “no quedan saqueos para repartir”.

Sin reconocer esto quienes gastan en Washington seguirán marchando hacia un abismo fiscal mucho más grande que el anticipado en enero próximo. He pensado mucho sobre por qué aquéllos de nosotros que creemos en la libertad, como una solución, lo hemos hecho tan mal para convencer a otros de sus beneficios. Si la libertad es lo que sostenemos que es – el principio que protege todas las decisiones personales, sociales y económicas necesarias para una máxima prosperidad y la mejor opción para la paz- debiera ser vendida fácilmente. Sin embargo, la historia ha demostrado que las masas han sido bastante receptivas a las promesas de los autoritarios, que raramente son cumplidas, si es que lo son.

Autoritarismo vs. Libertad

Si el autoritarismo conduce a la pobreza y la guerra y a menos libertad para todos los individuos y es controlada por intereses especiales ricos, la gente debiera estar rogando por libertad. Ciertamente había un fuerte sentimiento por más libertad al momento de nuestra fundación que motivó a quienes estaban dispuestos a luchar en la revolución contra el gobierno británico.

Durante mi tiempo en el Congreso el apetito por libertad ha sido bastante débil; la comprensión de su significado ha sido miserable.

Sin embargo, la buena noticia es que comparado con 1976 cuando llegué por primera vez al Congreso, el deseo por más libertad y menos gobierno en 2012 es mucho mayor y sigue creciendo, especialmente en los Estados Unidos de base. Decenas de miles de adolescentes y estudiantes universitarios están, con gran entusiasmo, acogiendo el mensaje de libertad.

Tengo algunas ideas sobre por qué la gente de un país como el nuestro, una vez el más libre y próspero, permitió que se dieran las condiciones para deteriorarse al nivel que lo ha hecho.

La libertad, la propiedad privada, los contractos voluntarios que se implementan, generan riqueza.

En nuestra historia temprana éramos mucho más conscientes de esto. Pero a principios del siglo XX, nuestros políticos promovieron la noción de que los sistemas tributarios y monetarios tenían que cambiar si nos íbamos a involucrar en un gasto militar y doméstico excesivo. Es por eso que el Congreso nos dio la Reserva Federal y el impuesto al ingreso. La mayoría de los norteamericanos y muchos funcionarios de gobierno están de acuerdo en que sacrificar algo de libertad es necesario para llevar a cabo lo que algunos llaman ideas “progresistas”. La democracia pura se volvió aceptable.

No lograron reconocer que lo que estaban hacienda era exactamente lo opuesto que los colonos estaban buscando cuando se liberaron de los británicos.

Algunos alegan que mis argumentos no tienen sentido, ya que las grandes riquezas y los estándares de vida mejoraron para muchos norteamericanos en los últimos 100 años, incluso con estas nuevas políticas.

Pero el daño a la economía de mercado, y a la moneda, ha sido insidiosa y constante. Tomó mucho tiempo consumir nuestra riqueza, destruir la moneda y minar la productividad y llevar nuestras obligaciones fiscales a un punto sin retorno. La confianza a veces dura más tiempo del que se merece. Gran parte de nuestra riqueza hoy depende de la deuda.

La riqueza que disfrutamos y que parecía ser interminable, provocó que el principio para una sociedad libre fuera rechazado.

Mientras la mayoría de las personas creían que la abundancia material duraría para siempre, preocuparse por proteger una economía productiva competitiva y la libertad individual parecía innecesario.