Friday - Nov 16, 2018

La maravillosa mentira que mis maestros me dijeron


por John Flórez

“¡Tú puedes llegar a ser presidente!”

Así me dijeron mis maestros de primaria. Si yo estudiaba y me dedicaba mucho, decían, podría llegar a ser presidente.

Entonces, hice lo que me dijeron. Pero resulta que lo que me prometieron no fue cierto, aunque estoy bastante seguro que eso ellos no lo sabían en ese momento.

Aquí estamos, a meses antes de las primarias presidenciales de los partidos demócrata y republicano, y a más de un año de los mismos comicios, y tengo muy claro que sin millones de dólares llenándome los bolsillos, no saldré siquiera de la barrera de arranque de la campaña.

Los últimos informes de las finanzas de las campañas indican que entre los contendientes republicanos, Milt Romney ya ha recaudado $34.5 millones.

Siguiéndolo de cerca, Rudy Giuliani tiene $29.6 millones, y John McCain, $23.5 millones.

Barack Obama ha alcanzado casi $57 millones del cajero demócrata, seguido de Hillary Clinton, con $31.5 millones, y John Edwards, con $21.6 millones.

Ya el pobre John admite haber tenido que gastar $400 o más por un corte de pelo que lo hiciera presentable ante los electores sin pretensiones de la primaria demócrata en estados como Iowa y Nuevo Hampshire. Quién sabe qué le costará emperejillarse para el electorado tan sofisticado de California y Nueva York. O hasta para el de Texas. Me pregunto qué les están diciendo a los chico mexicanos como era yo los maestros de hoy sobre el llegar a ser presidente. Si están poniendo de ejemplo a Bill Richardson, su apuesta hasta hoy es de $13.1 millones.

Cuernos con esos maestros de primaria que tuve. Allí andaba yo, pobre muchacho mexicano faltándome los dientes, vestido de sobretodo a rayas y zapatos viejos, oyendo de la boca de mi maestra de la escuela primaria Riverside tamaña mentira.

Más adelante, mis maestros de la primaria Jefferson hasta me leían de libros que decían que cualquiera podía llegar a ser presidente. Recuerdo haber visto imágenes en los muros del salón de un hombre blanco, con el pelo ondulado y plateado.

Dijeron que él había sido el primer presidente de los Estados Unidos. Luego supe que llevaba una peluca empolvada. Cuando eres chico, la historia puede resultar confusa.

Mis maestros me enseñaron a prometer honrar nuestra bandera y a sentirme orgulloso de ser ciudadano de los Estados Unidos.

Me sentí particularmente honrado cuando tiraba de las sogas que izaban la bandera frente a la escuela por la mañana.Hablaban de “nuestros” antepasados y me animaban a leer libros sobre la historia de los Estados Unidos.

Yo contemplaba las imágenes de los antepasados, buscando un rostro moreno como el mío. Aprendí a no tomar las cosas tan literalmente.

Mis maestros me enseñaron sobre la Declaración de la Independencia y la Constitución. Aunque mis padres inmigrantes me enseñaron a tener orgullo de mi herencia mexicana, ayudaron a reforzar mi orgullo de ser “americano”, también.

Otra cosa hicieron mis escuelas públicas que a menudo pasa inadvertida. Me enseñaron cómo vivir, aprender, trabajar y jugar con otros, y a descubrir los valores que compartimos y que nos unen.

Al mirar hoy el listado de formidables candidatos a la presidencia – una mujer, un negro y un hispano entre ellos – ahora puedo aceptar lo que mis maestros me dijeron. Si bien nunca alcancemos realizar todos los sueños que tenían para cada uno de nosotros los maestros, no olvidaremos el don que nos dieron – el creer que podemos hacer una diferencia y que formamos parte de algo más grande que nosotros mismos. Hispanic Link.

(John Flórez redacta una columna para el Deseret News en Salt Lake City. Ha sido fundador de varias organizaciones de derechos civiles hispanos, y ha servido con más de 45 grupos estatales, locales y de voluntarios.Comuníquese con él a: jdfl orez@comcast.net)© 2007.