Saturday - Jul 20, 2019

Destruir el derecho a estar solo: gobierno explota la tecnología para hacer ese derecho absoleto


[Author]DEL EDITOR:

 

Estimados lectores:

La privacidad es un elemento en nuestras libertades que se ha establecido claramente en la Constitución desde el principio de la nación, pero que muchos probablemente han olvidado lo que esto signifique. En el siguiente artículo, Matthew Harwood, de Tom Dispatch, profundiza acerca de cómo el gobierno ha violado este principio en muchas maneras, quebrantando así nuestro derecho a estar solos. Debido a su longitud, El Reportero lo publicará en varias partes. Esta es la Parte 3 y última.

 

por Matthew Harwood

Tom Dispatch

Noticias de analisis[/Author]

 

Y entonces está el Stingray, un dispositivo que se utiliza por primera vez en nuestras guerras lejanas, y tan intrusivo que el FBI ha tratado de mantener en secreto – incluso de los tribunales. Un Stingray imita una torre de telefonía celular, engañando a todos los dispositivos inalámbricos en una zona para conectarse a él en lugar del real. La policía lo puede utilizar para realizar un seguimiento a sospechosos en el momento, incluso en interiores, así como captar el contenido de sus comunicaciones. El Stingray también es indiscriminado. Engaña a todos los dispositivos inalámbricos de la zona haciendo que se conecten a el mismo, el gobierno se involucra en lo que es obviamente una búsqueda e incautación irrazonable de la información inalámbrica de toda persona que haya sido captada por él.

Y cuando el gobierno federal no está utilizando en secreto estas tecnologías de vigilancia, empuja a los gobiernos locales y estatales a través de las subvenciones del Departamento de Seguridad Nacional (DHS). La ACLU del Norte de California ha, por ejemplo, reportado que los fondos de subvención del DHS han sido utilizados por la policía  local y estatal para subvencionar o comprar lectores de matrículas automatizados, cuyas imágenes luego se ven reflejadas en las bases de datos federales. Del mismo modo, la ciudad de San Diego ha utilizado esos fondos para comprar un sistema de reconocimiento facial y las subvenciones del DHS se han utilizado para instalar los sistemas de video-vigilancia en todo el estado.

En julio, Oakland aceptó $ 2 millones en fondos federales para establecer un “centro de conocimiento permanente”, el cual algún día integrara cámaras ya existentes de vigilancia y  dispositivos de imágenes térmicas en el Puerto de Oakland con cámaras de vigilancia del Departamento de Policía de Oakland y lectores de matrículas, así como cámaras de propiedad de las escuelas públicas de la ciudad, Patrullas de Caminos de California, y otros equipos e instituciones. Una vez completado, el sistema tendrá más de 1.000 cámara recibiendo información a través  de toda la ciudad.

A veces siento que alguien me está mirando

Lo que hace a la vigilancia de alta tecnología tan perniciosa, es su silencio, una cualidad mágica. Históricamente, cuando agentes del gobierno invadieron la privacidad de las personas, tuvieron que recurrir a elementos como la fuerza y  la violencia, ya sea torturar el cuerpo con la creencia de que se podrían obtener secretos de la mente o derribando puertas con el objetivo de obtener información de comunicaciones y efectos personales. La revolución en la tecnología de las comunicaciones ha hecho que tales intrusiones parezcan cada vez más descuidadas y obsoletas. ¿Por qué romperle el cráneo  a alguien o derribar una puerta cuando le puedes leer los términos de la investigación o su historial de navegación en Internet?

En el siglo XVIII, el filósofo Jeremy Bentham concibió una idea única para una prisión. Lo llamó “panóptico.” Iba a ser un lugar donde los reclusos estarían expuestos constantemente a la vista sin que fuesen capaces de ver a sus guardianes: una prisión de vigilancia total. Hoy en día, la creación de una versión electrónica del panóptico de Bentham es una tarea cada vez más trivial y tecnológica. Dadas las posibilidades seductoras ahora incrustadas en nuestro mundo, sólo fuertes protecciones legales impedirían que el  gobierno se sintiera cada vez más libre para entrometerse en nuestras vidas.

En todo caso, nuestras protecciones legales se están debilitando y la privacidad se está devaluando, lo que significa que los estadounidenses con un sentido bien desarrollado de la auto-preservación asumen cada vez más la posibilidad de ser vigilados y ver lo que hacen en línea y en otros lugares. Los que perseveran por valorar la privacidad en gran manera pueden hacer cosas sencillas tales como: poner notas, Post-it sobre las cámaras de sus computadoras, ver lo que publican en tweeter o Facebook, e incluso escribir sus mensajes de correo electrónico como si un ojo omnipresente los estuviera leyendo por sobre sus hombros. Poco a poco, lo que antes se habría considerado paranoico hoy parece premonitoria auto-defensa y sentido común.

Es difícil saber exactamente cual será el efecto final de un sentimiento creciente de que nada es realmente privado. Sin duda, una vida transparente tiene el potencial de robar a una persona  la sensación de seguridad necesaria para experimentar nuevas ideas y nuevas identidades sin miedo a que le están supervisando por faltas a las normas. El resultado inevitable para muchos será la autocensura con todos sus efectos corrosivos sobre los derechos de libertad de expresión y asociación.

Los desconocidos desconocidos

Tenga en cuenta que sólo hemos comenzado un recorrido por las formas en que la privacidad de América es actualmente asaltada por nuestro propio gobierno. Abundan otros ejemplos. Esta E-Verify quien propuso “derecho al trabajo” una lista de toda persona elegible para trabajar en los Estados Unidos. Hay agencias policiales que vigilan activamente los sitios de medios sociales como Facebook y Twitter. Está el Departamento   de seguridad Nacional cuyas investigaciones se centran en crear cámaras armadas con la tecnología de reconocimiento facial casi omnisciente, sin mencionar los pasaportes emitidos con tecnología de identificación por radiofrecuencia. Hay cámaras de vigilancia que alimentan las redes que desembocan en los sistemas de gobierno. Se encontraron datos de vigilancia de la NSA con respecto a las investigaciones nacionales de drogas, que luego se oculta por la DEA de los abogados defensores, los fiscales y los tribunales para garantizar el flujo continuo de datos de vigilancia.

La cuestión es la siguiente: esto es lo único que sabemos al respecto. Como dijo el ex secretario de Defensa Donald Rumsfeld una vez, “hay también desconocidos desconocidos – que hay cosas que no sabemos que no sabemos.” Sería el colmo de la ingenuidad de creer que las organizaciones gubernamentales en todo el país – desde la federal hasta la municipal – no se dedican a otras intrusiones secretas e impactantes de privacidad que aún no se han revelado. Si los últimos meses nos han enseñado algo, es que estamos en un mundo de desconocidos desconocidos.

Hoy en día, las agencias del gobierno actúan como si ellos merecen el beneficio de la duda, ya que en secreto hacen cosas como sacadas de las páginas de una novela de ciencia ficción. Érase una vez…,  así no es como como las cosas sucederían en una tierra donde la gente le de valor a su derecho a estar solo, pues el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo se supone deberían funcionar abiertamente. El gobierno entiende esto perfectamente bien: ¿Por qué mas sus agentes y funcionarios irían regularmente a largas extraordinarias, a veces de un costo notable, para ocultar sus acciones del resto de nosotros y el sistema legal que se supone debe vigilar sus actos? Es por lo que denunciantes como Edward Snowden son tan importantes: Montan la última línea de defensa cuando los poderes están  acostumbrados a operar en la oscuridad.

Sin nuestro Snowden interior trabajando en los departamentos del sheriff del condado o los departamentos de policía de la gran ciudad grande o las gigantes burocracias federales, sobre todo con el mundo de los diarios en zozobra, las incógnitas son serian cada vez más propensas a permanecer desconocidas, mientras que la poca intimidad que nos queda se desvanecería.

Esta obra fue reimpresa por Truthout con permiso o licencia. No puede ser reproducida en cualquier forma sin el permiso o la licencia de la fuente.

Matthew Harwood es un periodista en Washington, DC, y un contribuidor frecuente a l The Guardian’s comment is free. Sus escritos han aparecido en The Washington Monthly, Progress Magazine (Reino Unido), así como en línea en Columbia Journalism Review, CommonDreams y Alternet. Actualmente trabaja en un libro sobre la retórica cristiana evangélica y agresiva política exterior de Estados Unidos. Puedes seguir a Matt en Twitter @ mharwood31